Esa duda merece ser escuchada.
Por qué dudar es normal
Un ascenso cambia muchas cosas a la vez: el tipo de trabajo, las relaciones con los compañeros, el tiempo libre, la exposición. Es razonable preguntarse si uno quiere todos esos cambios, y no solo el aumento de sueldo.
De compañero a jefe
Uno de los cambios más difíciles es pasar a supervisar a quienes antes eran compañeros. Las amistades se tensan, las conversaciones cambian, aparecen celos. Muchas personas temen esa transición más que la nueva responsabilidad.
Hacer lo que le gusta o coordinar a otros
A veces el ascenso significa dejar de hacer lo que a uno le apasiona —programar, atender pacientes, diseñar— para dedicarse a coordinar, hacer reportes y asistir a reuniones. No todo el mundo quiere ese cambio, aunque la sociedad espere que sí.
El tiempo y la familia
Más responsabilidad suele traer más horas y más preocupaciones que se llevan a casa. Si usted tiene hijos pequeños, padres que cuida o simplemente valora su tiempo libre, el costo puede ser mayor que el beneficio.
El miedo a no estar a la altura
También puede haber miedo a fallar, a que se note que uno no sabe todo, a decepcionar a quien le propuso. Ese miedo no siempre significa que no se esté preparado; a veces es simplemente la incomodidad de lo nuevo.
Decir que no
Rechazar un ascenso puede sentirse como un error irreversible o como falta de ambición. No lo es necesariamente. Muchas personas encuentran una vida más plena quedándose donde están o buscando crecer en otra dirección.
Qué preguntar en una lectura
«¿Qué me atrae de este puesto y qué me asusta?», «¿qué perdería?», «¿qué quiero para mi vida en cinco años?», «¿estoy dudando por miedo o por intuición?».
Cartas que suelen salir
El Seis de Bastos, el reconocimiento público. El Rey de Oros, la responsabilidad material. El Dos de Bastos, mirar el horizonte antes de decidir. El Ocho de Oros, el placer del oficio bien hecho.
Un ejemplo
Una enfermera de un hospital en San José recibe la propuesta de ser jefa de servicio. Tendría mejor salario, pero dejaría de atender pacientes. En la lectura aparece que su vocación está en el cuidado directo, y que el ascenso le interesa más por reconocimiento que por deseo. Sale con la idea de pedir otras formas de reconocimiento, como formación especializada.
Negociar el ascenso
No siempre hay que aceptar o rechazar tal como viene. A veces se puede negociar: un periodo de prueba, un horario distinto, mantener parte de las tareas que a uno le gustan. Preguntar no cuesta nada y puede abrir opciones que no estaban sobre la mesa.
Si decide que no
Rechazar un ascenso con respeto y explicando sus razones no suele cerrar puertas. Muchas jefaturas valoran que alguien sepa lo que quiere. Lo importante es comunicarlo con claridad y agradecimiento.
En una frase
Crecer no siempre significa subir; a veces significa escoger mejor.
Escuchar el cuerpo
A veces el cuerpo responde antes que la cabeza. Si al imaginar el nuevo puesto siente un nudo en el estómago o un peso en el pecho, vale la pena prestar atención. No es una respuesta definitiva, pero sí una señal que conviene explorar.
Para seguir
Si trabaja en zona franca, lea trabajar en zona franca. Para pensar la decisión, vea la página de tarot para decisiones.
Los ejemplos de este cuaderno son ilustrativos, no historias de clientes. Una lectura de tarot es una interpretación simbólica: no demuestra hechos ni asegura resultados.
