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Cuaderno / Guía para empezar

Marsella, Rider-Waite y otras barajas: ¿importa cuál se usa?

Si alguna vez entró a una librería esotérica o buscó en internet, habrá visto que hay cientos de barajas de tarot: clásicas, modernas, ilustradas con gatos, con flores, con personajes de fantasía. ¿Da igual con cuál se lea?

Baraja de tarot cerrada junto a una taza de café chorreado y un cuaderno
Composición tipográfica de Maryana Morgado. Guía para empezar

La respuesta corta es que la estructura es la misma en casi todas, pero las imágenes cambian, y las imágenes importan.

La estructura común

Casi todas las barajas de tarot tienen setenta y ocho cartas: veintidós arcanos mayores, con nombre propio, y cincuenta y seis menores, divididos en cuatro palos de catorce cartas. Esa estructura viene de los tarots italianos del siglo XV.

El Tarot de Marsella

Es el modelo tradicional europeo. Sus figuras son sencillas, con colores planos. En los arcanos menores, las cartas numeradas muestran solo los objetos del palo ordenados, sin escenas. Eso exige más interpretación y da más libertad.

Muchas tarotistas de tradición francesa y latina lo prefieren por su sobriedad.

El Rider-Waite

Publicado en 1909, fue el primero en ilustrar escenas en todas las cartas. El Cinco de Copas muestra a una figura de luto mirando tres copas derramadas; el Diez de Bastos, a alguien que carga un haz de ramas. Esas escenas hacen la lectura más intuitiva para quien consulta.

Barajas modernas

A partir del Rider-Waite surgieron miles de variantes: con estéticas diversas, con enfoques culturales distintos, con simbologías propias. Algunas son excelentes; otras son más objetos de colección que herramientas de lectura.

¿Cambia la lectura?

El sentido general de cada carta se mantiene entre barajas, pero los matices de la imagen influyen. Una Muerte dibujada con un esqueleto agresivo produce una impresión distinta que una representada con una mariposa. Por eso cada tarotista suele trabajar con la baraja cuyas imágenes conoce a fondo.

Si quiere comprar una

Para aprender, la Rider-Waite o alguna de sus versiones es la opción más práctica, porque hay mucho material de estudio. Escoja una cuyas imágenes le gusten: va a pasar mucho tiempo mirándolas.

Un ejemplo

Un joven de Cartago compró una baraja de estética gótica porque le parecía llamativa. Al empezar a estudiar, se dio cuenta de que las imágenes le generaban una sensación sombría que no correspondía al significado de muchas cartas. Cambió por una baraja clásica y el aprendizaje le resultó mucho más natural.

Barajas y cultura

En los últimos años han aparecido barajas diseñadas desde otras culturas: latinoamericanas, afrodescendientes, indígenas. Algunas son proyectos respetuosos y valiosos; otras usan símbolos culturales de forma superficial. Si le interesa una de ellas, conviene averiguar quién la hizo y con qué propósito.

La baraja de Maryana

Maryana trabaja con barajas de estructura clásica, cuyas imágenes conoce en profundidad. Durante la llamada le describe cada carta, así que no necesita conocer la baraja de antemano para seguir la lectura.

Cuidar la baraja

Muchas personas que leen tarot guardan sus cartas en una tela o una caja, no por superstición, sino por cuidado: son objetos de trabajo que se usan mucho. Si compra una baraja, trátela como un buen libro: con cariño, pero sin miedo a usarla.

Para seguir

Si quiere conocer el origen de estas barajas, lea la historia del tarot. Para ver el significado de algunas cartas, recorra significado de las cartas.

Los ejemplos de este cuaderno son ilustrativos, no historias de clientes. Una lectura de tarot es una interpretación simbólica: no demuestra hechos ni asegura resultados.

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