No hay una forma correcta de pasarla
Hay familias que deciden hacer todo igual que siempre, como homenaje. Otras prefieren cambiarlo todo: otra casa, una celebración sencilla, un paseo a la playa. Las dos opciones son válidas. Lo que más cuesta es hacer como si nada: el hueco se siente de todos modos y nadie se anima a mencionarlo. Si le toca organizar, pregunte a los demás qué necesitan.
Nombrar a quien falta
Un gesto sencillo que ayuda: en algún momento de la cena, alguien dice su nombre y cuenta un recuerdo bonito. Rompe el silencio incómodo y da permiso a todos para extrañarle en voz alta. También puede poner una vela junto a su foto en el portal o preparar los tamales como ella los hacía.
Los niños y la primera Navidad sin el abuelo
Los niños notan la ausencia aunque nadie la nombre. Conviene adelantarse: explicarles que esta Navidad será distinta y preguntarles cómo quieren recordar a esa persona. Un dibujo junto al portal, su villancico favorito, un adorno con su nombre en el árbol. A los niños les ayuda tener algo concreto que hacer, y si usted llora delante de ellos, no pasa nada: aprenden que extrañar es parte de querer.
Si la ausencia no es una muerte
No toda silla vacía viene de una muerte. Puede ser la primera Navidad después de una separación, el hijo que está en Estados Unidos y no puede venir, el hermano con el que la familia ya no habla. Duelen igual, y a veces más, porque nadie le da el pésame por ellas. Dese el mismo permiso: no tiene que estar feliz.
Decisiones prácticas que ayudan
Hay detalles que conviene resolver antes de la cena del 24: si se pone o no su plato, quién se sienta en su lugar, si se brinda por él o por ella, quién se encarga ahora de lo que esa persona hacía, como armar el portal o dirigir la tamaleada. Ponerse de acuerdo antes ahorra lágrimas y roces a la hora de cenar. Y tenga un plan para el momento más difícil, que suele ser la medianoche: saber con quién va a estar y que se vale salir un momento a respirar.
Después de las fiestas
Es frecuente que el golpe fuerte llegue en enero, cuando pasan las fiestas y ya nadie llama para preguntar. Si le pasa, no lo viva como un retroceso. El duelo va a su paso, y durante el primer año cada fecha señalada lo vuelve a despertar.
Antes de las fiestas
Muchas personas me buscan en noviembre o a principios de diciembre porque temen estas fechas. En la sesión miramos qué le duele más de esta Navidad, qué necesita para atravesarla y cómo le gustaría honrar a quien no está. Para eso sirve la Sesión de Diagnóstico: una llamada de 45 minutos. Y si quiere despedir un año difícil, vea la sesión de cierre de año.
Los ejemplos de este cuaderno son ilustrativos, no historias de clientes. Una lectura de tarot es una interpretación simbólica: no demuestra hechos ni asegura resultados.
