Difuntos, tamaleada, aguinaldo, inseguridad, alquileres y familias repartidas: textos sobre lo que se vive hoy en Costa Rica, con honestidad.
Temporada y vida diaria: cartas del tarot sobre una mesa
El enfoque de este recorrido
Hay fechas que juntan a la familia y, por eso mismo, remueven lo pendiente. Y hay momentos del país que obligan a decisiones difíciles. Estos textos hablan de las dos cosas sin prometer lo que una lectura no puede dar. Maryana también es migrante, de Venezuela a Argentina y después a España, y escribe desde esa experiencia.
Por dónde empezar
Si se acerca noviembre, empiece por el 2 de noviembre en el cementerio. Si le preocupan las fiestas, por la tamaleada o la Navidad con una silla vacía. Si el tema es el dinero, por el aguinaldo o los alquileres. Y si le dijeron que le hicieron brujería, por ese texto antes de pagar a nadie.
En Costa Rica es frecuente escuchar que a alguien «le hicieron un trabajo»: la mala racha que no se va, la pareja que se fue de repente, el negocio que no levanta, los dolores que el médico no explica. A veces lo dice un familiar, a veces una vecina, a veces un perfil en Facebook que le escribe sin que usted haya preguntado nada. Y casi siempre, detrás de la frase, aparece una oferta para quitarlo, con un precio.
En Costa Rica, durante los primeros veinte días de diciembre llega el aguinaldo: la doceava parte de lo ganado en el año. Para muchas familias es el dinero más esperado del año, y también el que más rápido desaparece. Las ofertas de las tiendas, los tamales, los regalos del Niño, el paseo a la playa, la tarjeta que lleva meses esperando, el familiar que pide prestado. En enero, muchos se preguntan dónde se fue.
En diciembre, muchas familias costarricenses se juntan para la tamaleada: una jornada larga en la que se prepara la masa, se cocinan el cerdo y el arroz, se cortan las hojas de plátano, se amarran los tamales y se reparten tareas entre abuelas, tías, hijos y nietos. Es una de las tradiciones más bonitas del país. Y también, como toda reunión larga de familia, un momento en que salen a la luz los temas que se evitan el resto del año.
Durante años, Costa Rica fue sinónimo de tranquilidad en Centroamérica. Hoy, según un informe de la OCDE, seis de cada diez costarricenses señalan la inseguridad como su principal preocupación, muy por encima del promedio de los países de esa organización. Se habla de homicidios, de víctimas colaterales, de nuevas cárceles. Y en muchos barrios, en San José, en Limón, en Puntarenas, en Alajuela, se vive con una alerta que antes no existía.
En Costa Rica los alquileres subieron un 3,27 % en el último año, casi diez veces más que la inflación. Para muchas personas eso significa que el apartamento donde vivían ya no da, que hay que buscar algo más lejos, compartir con alguien o, en algunos casos, volver a casa de los papás. Son decisiones prácticas, pero cargadas de emociones: orgullo, miedo, sensación de retroceso.
En Costa Rica vive una de las comunidades migrantes más grandes de la región: cientos de miles de personas nicaragüenses que llegaron a trabajar en el campo, en la construcción, en las casas, en los comercios. Algunas llevan décadas aquí y tienen hijos ticos; otras llegaron en los últimos años huyendo de la situación de su país. Yo también soy migrante: salí de Venezuela, viví unos años en Argentina y hoy vivo en España. Este texto es para usted.
Pérez Zeledón, Los Santos, Puriscal: en muchos pueblos de Costa Rica casi todas las familias tienen a alguien en Estados Unidos. Un hijo en Nueva Jersey, un esposo en Florida, una hermana en Carolina del Norte. Se fueron a trabajar, a mandar plata, a construir la casa. Este año, con los operativos migratorios de allá, muchas de esas familias viven con una preocupación que antes no tenían.
«¿Cómo está?» «Pura vida.» En Costa Rica esa respuesta sale sola, casi sin pensar. Es parte de la forma de ser tica: amable, positiva, de no cargar a los demás con los problemas propios. Pero a veces, detrás del «pura vida», hay alguien que llega a casa agotado, que no duerme, que siente que no puede más y no se lo ha dicho a nadie.
En Costa Rica la Navidad tiene su ritual: el portal armado en la sala, la tamaleada, el Festival de la Luz, la cena del 24 y los abrazos a medianoche. Cuando alguien falta, cada uno de esos momentos recuerda la ausencia. Este texto es para quien va a pasar estas fiestas con una silla vacía.
El 2 de noviembre, Día de los Difuntos, muchas familias costarricenses van al cementerio: se limpian y pintan las tumbas, se llevan flores, se reza, se conversa con los que se fueron. Para unos es un día de paz y de memoria. Para otros es el día del año en que vuelve todo lo que no se resolvió.