Vivir entre dos países tan cercanos
Nicaragua está ahí, a pocas horas de bus, y a la vez puede estar muy lejos: por los papeles, por la situación política, por el dinero del viaje. Muchas personas pasan años sin volver, viendo crecer a sus sobrinos por el teléfono, mandando lo que pueden a la mamá en Chinandega o en Rivas. Esa cercanía que no se puede cruzar duele de una manera particular.
El duelo de quien no puede volver
Hay quienes salieron de Nicaragua sabiendo que, por motivos políticos o personales, no podrán regresar en mucho tiempo. Eso tiene un peso enorme: despedirse sin saber cuándo se volverá a ver a los padres, perderse los entierros, las bodas, los bautizos. Es un duelo que muchas veces no se llora porque hay que trabajar y salir adelante.
Reconocerlo, aunque sea en voz baja, ayuda a que no se convierta en un cansancio o una tristeza que no se sabe de dónde viene.
La xenofobia que duele
Muchas personas nicaragüenses en Costa Rica han escuchado comentarios que hieren, en el trabajo, en la calle o en redes sociales. Duele, sobre todo después de años trabajando honradamente y criando hijos aquí. Ese dolor merece ser hablado. No define quién es usted ni lo que ha construido. Y también hay muchos costarricenses que le han tendido la mano.
Los hijos que crecen ticos
Si sus hijos nacieron o crecieron en Costa Rica, puede que se sientan más ticos que nicaragüenses, que hablen distinto, que no conozcan a sus abuelos en persona. Es normal, y no significa que pierdan sus raíces. Contarles historias, cocinar los platos de su tierra, mantener el contacto con la familia de allá, ayuda a que crezcan sabiendo de dónde vienen.
La familia que quedó al otro lado
Detrás de muchas personas nicaragüenses en Costa Rica hay una mamá, unos hijos o unos abuelos a los que se les manda lo que se puede. La culpa por no estar, el miedo a una llamada a deshoras, la pregunta de si traerlos o no, las fiestas por videollamada. Son temas que se pueden mirar con calma en una sesión, sin juicio, entre personas que sabemos lo que es vivir lejos de casa. Aquí no tiene que explicar nada.
Lo que le ofrezco
En una sesión puede hablar de lo que está viviendo con alguien que sabe lo que es emigrar: la decisión de quedarse o volver, la familia lejos, el cansancio, la pareja. No prometo nada sobre trámites; para eso está Migración o un abogado. Lo que sí hago es escucharle y ayudarle a ver con las cartas lo que depende de usted. La Sesión de Diagnóstico dura 45 minutos, con el mismo precio para todas las personas.
Los ejemplos de este cuaderno son ilustrativos, no historias de clientes. Una lectura de tarot es una interpretación simbólica: no demuestra hechos ni asegura resultados.
