La familia que espera
Quien se queda en Costa Rica vive la migración de otra manera: esperando la llamada del domingo, administrando lo que llega, cuidando a los nietos que dejó el que se fue. Esa espera tiene su propio cansancio, y pocas veces se reconoce. Si usted es quien se quedó, tiene derecho a decir lo que siente, aunque apoye la decisión de quien se fue.
El miedo de este año
Con las redadas en varios estados, muchas familias revisan las noticias cada mañana. La angustia de no poder hacer nada es de lo más difícil. Algo que ayuda es tener un plan acordado con su familiar: los datos de contacto importantes, el consulado de Costa Rica que le corresponde, qué hacer y a quién llamar si algo pasa. Tener ese plan no atrae lo malo; deja de dar vueltas en la cabeza porque ya está pensado.
Cuando la distancia separa a la pareja
Muchas parejas ticas viven años separadas por la migración. Al principio la ilusión sostiene todo; con el tiempo aparecen los silencios, las llamadas que solo hablan de plata y las dudas. Hacer la pregunta de cuándo se van a juntar otra vez, y cómo, da miedo, pero vivir sin hacerla suele doler más. Un plan con fechas sostiene mucho más que una espera sin horizonte.
Cuando alguien decide volver
Con la situación actual, hay quienes deciden regresar antes de lo previsto. Volver después de años fuera también es un cambio grande: el pueblo cambió, los hijos crecieron, hay que buscar trabajo de nuevo. Conviene que la familia hable con calma cómo será esa vuelta: dónde vivirá, de qué, cómo se reacomodan todos.
Los niños que crecen con un papá en el teléfono
Muchos niños ticos crecen con su papá o su mamá en Estados Unidos, como una voz en la llamada del domingo y unos regalos que llegan por encomienda. Mantener el contacto aunque no haya plata que mandar es lo que más cuida esa relación: llamadas cortas pero frecuentes, preguntarles por la escuela, ver juntos una película a la misma hora. Los hijos recuerdan la presencia más que los regalos. Y cuando por fin se reencuentran, den tiempo a que la relación se acomode: los niños necesitan conocer otra vez a quien vuelve, y quien vuelve necesita aprender el ritmo de una casa que siguió funcionando sin él.
Lo que podemos mirar juntos
En una sesión podemos mirar lo que le pesa: el miedo por quien está lejos, la relación de pareja a distancia, la decisión de volver o de quedarse, la culpa o el cansancio. Yo también vivo lejos de mi familia y sé lo que es esa espera. La Sesión de Diagnóstico dura 45 minutos por llamada de voz, y la puede hacer usted desde Costa Rica o su familiar desde Estados Unidos.
Los ejemplos de este cuaderno son ilustrativos, no historias de clientes. Una lectura de tarot es una interpretación simbólica: no demuestra hechos ni asegura resultados.
